3 claves de felicidad que nos enseña la Navidad

La frase Feliz Navidad la decimos mucho en estas fechas, a veces sin reparar en toda su profundidad. ¿Qué tienen de especial estas fiestas que a menudo sacan lo mejor de nosotros y transforman en especiales los días de invierno? Esta época navideña es una oportunidad para aprender 3 claves de felicidad que podemos trasladar al resto del año.

1. La Navidad es tiempo de ver más allá

Más allá de las diferencias de carácter, de puntos de vista y de muchas otras cosas, en Navidad nos juntamos con nuestros seres queridos. Nos centramos en lo importante, y esa es la primera de las claves de felicidad que nos enseñan estas fiestas. Es una lección que por desgracia también aprendemos ante la pérdida de un ser querido, pero en cambio en las fiestas navideñas se puede aprender con alegría, con canciones y turrones.

Quizá hay alguien en la familia con quien no nos entendemos bien, incluso personas tóxicas que tenemos que acabar viendo. Aunque a veces no podamos escoger qué vivir, siempre podemos escoger cómo vivirlo.

¿Qué tal si también el resto del año aprendemos a apreciar cada día lo más importante? Quedarnos con lo esencial, trascender las pequeñeces, reducir las quejas, buscar lo que nos une y no tanto lo que nos separa… Ahora que se acerca año nuevo, ya tenemos una buena idea para añadir a esos propósitos que tantos nos hacemos.

2. La felicidad está en el momento presente

Podemos mirar atrás para aprender o al futuro para marcarnos metas, pero es en cada instante donde encontramos la felicidad. En el ahora, en ese abrazo, en saborear ese plato exquisito, en disfrutar de estar vivos…

Por supuesto que no todo será perfecto, incluso en Navidad. Es posible que encontremos puntos de conflicto sin lograr el punto 1 de este artículo, o que haya cosas que no salgan como esperábamos. Por eso es tan importante estar en el presente, reduciendo expectativas y centrándonos en lo que hay a cada instante. Como dice Eckhart Tolle en El Poder del Ahora:

“Acepta; y después actúa. Acepta cualquier cosa que contenga el momento presente como si la hubieras elegido. Trabaja siempre a favor del momento, no contra él. Haz del presente tu amigo y aliado, no tu enemigo. Esto transformará milagrosamente tu vida.”

3. Compartir da felicidad

Numerosos estudios han demostrado la vinculación entre ser generosos y ser felices, pero es que en Navidad se nota más que nunca. Compartiendo en la mesa, regalando a otros, ayudando a otras personas que lo necesitan con gestos solidarios… nos sentimos llenos de felicidad. Puede ser emocionante abrir un regalo, pero cuando queremos a alguien o ayudamos a un desconocido, ese brillo en los ojos y esa felicidad indescriptible no se puede comprar con dinero.

Esa misma actitud la podríamos trasladar al resto del año, para compartir más, ser más solidarios, hacer más equipo en las familias y en las empresas, para regalar saludos amables, reconocimientos, gestos de interés por los demás…

¡Aprovechemos y llevemos ese espíritu navideño a todo el año! ¡¡Feliz Navidad de todo el equipo de BeValue!!

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¿Dónde está el amor?

He descubierto que mi esencia siempre está conmigo, me caigo y me levanto tantas veces como deseo arriesgar, como deseo vivir, crecer y sentir.  He descubierto que tengo el poder de levantarme cada día y construir aquello que sueño, sueño mi vida y vivo mi sueño mientras camino en la dirección elegida. He aprendido que las emociones son pasajeras, que ellas no soy yo, que después de la tormenta siempre llega la calma y que ahí estoy yo, tras la tormenta, junto a la calma, serena y llena de paz, pura luz, pura vida, pura María.

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He aprendido a no esconderme en tus ilusiones ni a cegarme con tus palabras, a no responsabilizarte de mi ceguera sino a abrir los ojos y coger las riendas de mi vida, yo decido qué creer y qué sentir, porque soy yo el valor de mi vida, no tú, el valor está en mí, no en ti. El amor no está fuera sino que lo llevo conmigo y puedo amar tantas veces como quiera y tantos momentos como existan. He aprendido que yo seré quién quiera ser, que ahí arriba hay alguien que me ama y me cuida y que ese alguien no está sólo allá arriba, sino que está en mí, está en ti y está en todas partes, pues es amor, y el amor está en la mirada de quién sabe verlo, quién sabe creer en lo increíble y ver lo invisible, sentir la magia de vivir, el don de existir y apreciar cada caricia que le regala este maravilloso mundo.

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He aprendido que la marea existe, que hay olas que surfear, que a veces subes y a veces bajas, que lo único constante en esta vida es el cambio y que junto a su constante inconstancia crezco, y al crecer siento, siento que tengo sentido, que mi vida sin sentido se resentiría y que ese sentido que tiene mi vida es el que yo siento, el que yo quiero, el que yo elijo, el que yo construyo.

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He aprendido a construirme y reconstruirme, tantas veces como sea necesario, tantas veces como quiera. He aprendido que la aprobación de los demás está de más, pues si yo me apruebo no hay prueba que deban validar. Que es mejor estar sola que mal acompañada y que la soledad no es lo mismo que la solitud, pues puedo estar sola rodeada de gente si no sé estar en mí, en cambio con la solitud por muy sola que parezca estar nunca sentiré soledad, pues estaré siempre conmigo.

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He aprendido a no culpar a los demás de mis emociones negativas, de mi rabia o mi dolor, sino a responsabilizarme, a ser consecuente y a tomar medidas, a saber cuando y cuanto arriesgo, a aprender de los errores, a abrir los ojos y enfrentar el miedo de frente, pues cuando le doy la cara se desvanece como si un hielo se evaporara al darle la luz del sol. He aprendido que la paciencia es la madre de la ciencia, pues todo llega, todo pasa y todo cambia, y lo único que existe es este momento, el pasado y el futuro sólo están en mi mente. A creer en mí y que, tanto si creo que puedo como si creo que no puedo, tendré razón, pues yo construyo mi realidad.

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Sé que la creatividad es potencialidad y puedo crear y creer en lo que yo quiera.

He aprendido a estar sin ti porque he aprendido a estar conmigo, así que sí, ya no te necesito… si estamos juntos no será porque nos necesitemos sino porque nos queremos y juntos… ¡sumemos!

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Te necesito… ahora

Amor, no vengas para irte.

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Te necesito…. No ayer ni mañana sino ahora. Antes no te necesitaba y después no te necesitaré. Ayer no había necesidad suficiente y mañana no  habrá excusa que valga para no estar aquí conmigo, es hoy y ahora cuando te necesito tanto como el aire para respirar. No importa si lo entiendes o no, no hay explicación que valga ni razón que explique, simplemente… es.

Aina rodaje

Te necesito y no estás, te conozco y sé que te arrepentirás, pues la culpa te acompañará eternamente. Culpa por ser como eres, tan mediocre y poco desarrollado, a veces tan inhumano e insensible, y siempre tan cobarde, incapaz de mirar la verdad y enfrentarla de cara, incapaz de llamar las cosas por su nombre y decirlas mirándome a los ojos.

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Mi alma se esfumó en el último suspiro que me robaste y hoy me encuentro aquí sola, sin ella, sin mí y sin ti. Necesito que sustentes mi mano y sientas mi corazón hecho pedazos, necesito que me des una razón para reconstruir lo que era irrompible y destrozaste sin piedad, necesito un motivo para vivir y una ilusión para despertar, para volver a confiar y a soñar.

Aina grito

Apagaste mi vida y contaminaste mis sueños, te apoderaste de la poca ingenuidad que me quedaba y ya no sueño mi vida ni vivo mi sueño sino que sólo quiero soñar para no despertar. No entiendo mi vida sin ti porque tú me robaste la ilusión y ahora, desnuda y sin escudos, me siento débil e indefensa. Me arrancaste el alma arañando mi esencia con la más fantasiosa máscara. Ingenua de mí, creí que eras real, creí que existías y así caí en tus redes, en las redes de tus mentiras que hasta tú mismo creíste. Prometiste el cielo y me lo diste a probar de manera que ahora sin él ya no sé estar.

¿Y ahora que es la vida? ¿Qué será? Una búsqueda ansiada de ese cielo que me diste a probar…

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María Gilabert Hernando

Amor incondicional

Hace unas semanas mi hermana pequeña, Mónica, se ha ido a vivir a Inglaterra para trabajar como dentista. El día que se fue y la fui a dejar al aeropuerto me dijo:

– María, cuida mucho a mamá. Entiendo que vayas corriendo de un lado a otro con tus proyectos, que si Psicología Feliz, que si tu empresa Bevalue, el proyecto de neurociencia, el Master, amigos, deporte, salud, eventos, ayudar a otros y lo que quieras pero mamá necesita mucho cariño. Yo no estaré, cuídala, por favor, préstale atención y dale cariño. Además, ahora se ha engordado un poquito y da mucho gustito abrazarla, es así como un peluche suave y cariñoso… abrázala y que sienta cariño (sonrío y cerró los ojos mostrando su cara el gusto que da abrazarla).

Me dejó de piedra, caí en la cuenta de que tenía toda la razón del mundo. A veces no apreciamos lo suficiente lo que ya tenemos y, muchas veces eso que ya tenemos es lo más importante de nuestras vidas y hasta que no nos falta no nos damos cuenta de la importancia que tiene y de cuánto deberíamos haberlo apreciado y cuidado cada día de nuestras vidas. La mayoría de veces no tenemos tiempo de que lo más importante sea lo más importante. Vivimos despistados.

Llegué a casa y, sin pensarlo dos veces, me acerqué a mi madre justo al volver del aeropuerto y le dije:

– Mamá, Mónica me ha dicho que te cuide ahora que ya no está, que necesitas mucho cariño. Yo te quiero dar ese cariño. Siento mucho no habértelo dado antes. Lo siento por ir corriendo de un lado a otro y no darte el cariño y la atención que mereces, por centrarme tanto en mis proyectos, por no tratarte como mereces, por ser como soy tantas veces contigo siendo tú tan importante en mi vida…

Y ella me contestó abriéndome los brazos y llenándome de besos, como siempre hace:

– ¡Ay, qué preciosa eres, princesa! María, yo te acepto y te quiero así como eres, cada día y en cada momento.  No hace falta que seas de ninguna otra forma. Así como has sido, eres y seas, te quise, te quiero y te querré. Siempre.

La abracé tan fuerte y sentí un amor tan grande que esta vez sí que no puedo explicarlo…

 Amor incondicional, amor único… ¡amor de madre!

Mamá

María Gilabert Hernando

Empieza a alimentar tu yo

El escritor y empresario norteamericano Dale Carnegie explicaba que hay dos rasgos distintivos de las personas de éxito. No del éxito material o relacionado con la capacidad de acumulación. Se trata del éxito de la madurez emocional y la autorrealización. Estos dos rasgos distintivos de las personas de Éxito son: no criticar, no quejarse, censurar o condenar a los demás; y, segundo, valorar explícitamente y demostrar aprecio honrado y sincero por los demás de forma que se sientan queridos e importantes.

Juzgar y criticar pone a los demás a la defensiva, y por lo común hace que traten de justificarse. La crítica hiere y despierta el resentimiento. Como dice Carnegie: “si quieres recoger miel, no des patadas a la colmena.” Pero hazlo por ti, porque es la única forma de que otra persona también se decida a dejar de hacerlo. No insultes, no critiques, no juzgues; porque si tú lo haces estarás concediendo el derecho a los demás a que también lo hagan contigo.

Valorar a los demás es tratarlos con cariño, comprensión y agradecimiento. No se trata de adular a las otras personas. Se trata de servir a los demás con alegría. De reconocerlos, de confiar. Con hechos, no sólo con palabras. Comparte con el que te cae bien y con el que no te cae tan bien. A ese que tienes atravesado salúdalo el primero, porque te lo estarás haciendo a ti mismo. Se acabó quejarse por todo, criticar y juzgar a los demás. ¿De qué te ha servido?

Y todo esto, ¿por qué?

Una de las formas de contribuir al narcisismo que caracteriza a nuestra sociedad es exagerar la importancia del éxito y la imagen. Ser el mejor y ganar a cualquier precio. Esta actitud minimiza los valores humanos y los subordina a la consecución de un objetivo. Un objetivo que no tiene en cuenta sentimientos, emociones y necesidades. Pero esta actitud, tal y como señalan autores como Sigmund Freud o Alexander Lowen, es contraproducente con la salud física y emocional del que la lleva a cabo. Los seres humanos que la asumen, aceptan implícitamente el sacrificio y la represión de sus propias emociones. Matan a su yo real en teórico beneficio de su ego, de la imagen que quieren proyectar de sí mismos. El resultado final es la confusión de personalidad con actitud. Y frecuentemente la somatización física y emocional, contribuyendo a la aparición de enfermedades como la depresión, el alzheimer, la adicción, el cáncer o la fibromialgia, por citar algunas de ellas. Es el precio del éxito tal y como lo conocemos, pero otro camino es posible.

Artículo escrito por César Cidraque Llovet

Fundador del Proyecto AcoPe

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María Gilabert Hernando

¿Eres amor?

 

Abuelita, aún sin saber quién soy ya que hace 11 años que sufres alzheimer, me has vuelto a mostrar una vez más que no es tan importante quién crea ser como quién realmente soy. No es tan importante de dónde vengo sino dónde estoy, qué hago, qué siento y qué transmito ahora. 

Sólo tú, tan auténtica, divertida, única y especial, sabes mostrar el valor de cada segundo, sabes hacerme apreciar cada instante de vida. No necesito que sepas quién soy, sólo estando cerca de ti siento que me amas porque  tú eres amor.

“Chiquitita sabes muy bien que las penas vienen y van y desaparecen, otra vez vas a bailar y serás feliz como flores que florecen”

María Gilabert Hernando