Quiéreme del te quiero

Quiéreme. Quiéreme, pero de verdad. Siempre por encima de tus posibilidades. Siempre sin condición ni religión. Quiéreme del te quiero. Porque todo se reduce a eso, al querer. Y es que nada nos sienta mejor que esas dos palabras, esas ocho letras, esa determinación de la intención.

Te quiero. Tan simple, tan directo, tan sincero. Aunque los dos sepamos que ni para ti es lo primero, ni para mi lo nuevo.

Y es que ya he querido antes. He querido lograrlo, y olvidarlo, y quererlo. Así, porque sí. Con un motivo o sin, y refiriéndome al “lo”, complemento directo que suma todo lo que anhelo.

Desear, anhelar y todo lo que signifique más. Línea vertical cruzando la horizontal. Sin ello, no se podría sumar, y por favor, que no se nos olvide. Ni a ti ni a mi. Si no sumas, aquí te quedas, estancado, bloqueado y desorientado. No sé a qué esperas. Suma personas. Suma metas. Suma deseos. En definitiva, no pares de buscar la suma de corazones en alto riesgo. Ese mismo riesgo de vivir en una realidad común descompensada, a la que tendemos a querer abrazar. Rodear con nuestros brazos para sentir el latir descompasado de un ahora, marcado por el ayer, que no puede evitar el mañana. Pero qué adrenalina esta la de soñar. La de querer. La de arder. Aún y pudiendo quemarte, aún y pudiendo perder.

No hay nada más valiente que el que vuela más allá de lo esperado, más allá de lo correcto y siguiendo siempre la línea invisible de lo contrario a lo ordinario. ¿Para qué andar pudiendo correr?, ¿para qué correr pudiendo saltar?, ¿para qué saltar pudiendo volar?. Volar por ilusión. Por tan solo una, que quien dice una dice varias, y en realidad queriendo decir por todos los motivos que te muevan a volar fuera de nido. Volar y no quedarse en segundo plano, pues corazón acorazado nunca suele ser la opción para encontrarle sentido al hecho de perder la razón.

Por eso te repito que quieras. Y no solo una cosa, ni a una persona, sino que lo quieras todo. Todo lo que se te pase por la mente. Todo lo que vuelque tu corazón. Y en esa acción de definición de la intención, y abusando de la terminación, hazlo ya; no fuera a pasarte la vida tan rápida que cuando eches la vista atrás quieras querer volverlo a intentar.

Autora: Laura Ambrós Vivancos

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Happy tip: ¿Qué es la vida?

La vida no es un problema para ser resuelto, la vida es un misterio para ser vivido. Déjate llevar por el misterio y no tengas miedo a lo que pueda venir. La lógica te llevará de A hasta B. Pero la imaginación puede hacer posible lo imposible, puede hacerte ver lo invisible y creer en lo increíble puede llevarte allí donde creas o quieras estar.

Tú eres quién decide dónde quiere ir, hasta dónde está dispuesto a llegar y a luchar. Porque al final eres tú quién decide cómo quiere vivir. Y recuerda siempre que, tanto si crees que puedes como si crees que no, tendrás razón.

Tú decides cómo quieres pasar los segundos y minutos que te regala la vida.

¡Sueña tu vida y vive tu sueño!

Mata los “¿Y si…?”

Un deporte, una pasión, un trabajo, una ambición, una persona… Todos tenemos algo en nuestra vida sin lo que no podríamos vivir. Aquello que ha merecido la pena dedicarle horas de esfuerzo y gotas de sudor, porque sabíamos que la recompensa era tan grande que nos haría llegar hasta el infinito.

Hay una frase muy conocida que dice “La vida no se mide por las veces que respiras, si no por los momentos que te dejan sin aliento”. Pero llega un día que, sin darte cuenta, te quedas sin aquello que te quitaba el aliento. Y sientes como si un agujero negro te  invadiera por dentro. Te preguntas dónde se fue aquella ilusión, aquello que te ponía la piel de gallina minuto tras minuto, que te hacía seguir corriendo contra viento y marea. Pero te has encontrado esa piedra en tu camino, tan grande que no te deja ver que quizá las vistas desde el otro lado son espectaculares. Y se te olvida que depende sólo de ti, que eres tú quien decide dejarla atrás… Porque siempre vale la pena volverlo a  intentar.

Es inevitable sentir impotencia, y preguntarse por qué tus piernas no tienen más energía para seguir adelante. Lo deseas: deseas mirar en aquella dirección pero te sientes pequeño en un mundo demasiado grande. Y llega ese momento en el que crees que es más fácil dejar de correr. Sentarte y ver el mundo pasar por delante de ti.

¿Y si hubiera continuado hasta el final? Y si lo hubiera intentado una vez más, ¿qué habría pasado? Y si no me hubiera rendido, ¿dónde estaría hoy? ¿Y si…? ¿Y si…? ¿Estamos seguros que queremos despertarnos cada mañana con estas preguntas? La vida es una y aunque esté llena de piedras enormes tú decides si escalarlas y llegar al otro lado. Porque todos pensamos que necesitamos un héroe en nuestras vidas, pero recuerda que tú eres tu propio héroe. Y sólo tú podrás matar esos monstruos llamados “¿Y si…?” y escalar todas las montañas posibles.

Mata los ¿Y si…? ¡Conviértete en tu propio héroe!

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Marta Santiago Machado

Linkedin Marta 

¿Dónde está el amor?

He descubierto que mi esencia siempre está conmigo, me caigo y me levanto tantas veces como deseo arriesgar, como deseo vivir, crecer y sentir.  He descubierto que tengo el poder de levantarme cada día y construir aquello que sueño, sueño mi vida y vivo mi sueño mientras camino en la dirección elegida. He aprendido que las emociones son pasajeras, que ellas no soy yo, que después de la tormenta siempre llega la calma y que ahí estoy yo, tras la tormenta, junto a la calma, serena y llena de paz, pura luz, pura vida, pura María.

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He aprendido a no esconderme en tus ilusiones ni a cegarme con tus palabras, a no responsabilizarte de mi ceguera sino a abrir los ojos y coger las riendas de mi vida, yo decido qué creer y qué sentir, porque soy yo el valor de mi vida, no tú, el valor está en mí, no en ti. El amor no está fuera sino que lo llevo conmigo y puedo amar tantas veces como quiera y tantos momentos como existan. He aprendido que yo seré quién quiera ser, que ahí arriba hay alguien que me ama y me cuida y que ese alguien no está sólo allá arriba, sino que está en mí, está en ti y está en todas partes, pues es amor, y el amor está en la mirada de quién sabe verlo, quién sabe creer en lo increíble y ver lo invisible, sentir la magia de vivir, el don de existir y apreciar cada caricia que le regala este maravilloso mundo.

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He aprendido que la marea existe, que hay olas que surfear, que a veces subes y a veces bajas, que lo único constante en esta vida es el cambio y que junto a su constante inconstancia crezco, y al crecer siento, siento que tengo sentido, que mi vida sin sentido se resentiría y que ese sentido que tiene mi vida es el que yo siento, el que yo quiero, el que yo elijo, el que yo construyo.

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He aprendido a construirme y reconstruirme, tantas veces como sea necesario, tantas veces como quiera. He aprendido que la aprobación de los demás está de más, pues si yo me apruebo no hay prueba que deban validar. Que es mejor estar sola que mal acompañada y que la soledad no es lo mismo que la solitud, pues puedo estar sola rodeada de gente si no sé estar en mí, en cambio con la solitud por muy sola que parezca estar nunca sentiré soledad, pues estaré siempre conmigo.

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He aprendido a no culpar a los demás de mis emociones negativas, de mi rabia o mi dolor, sino a responsabilizarme, a ser consecuente y a tomar medidas, a saber cuando y cuanto arriesgo, a aprender de los errores, a abrir los ojos y enfrentar el miedo de frente, pues cuando le doy la cara se desvanece como si un hielo se evaporara al darle la luz del sol. He aprendido que la paciencia es la madre de la ciencia, pues todo llega, todo pasa y todo cambia, y lo único que existe es este momento, el pasado y el futuro sólo están en mi mente. A creer en mí y que, tanto si creo que puedo como si creo que no puedo, tendré razón, pues yo construyo mi realidad.

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Sé que la creatividad es potencialidad y puedo crear y creer en lo que yo quiera.

He aprendido a estar sin ti porque he aprendido a estar conmigo, así que sí, ya no te necesito… si estamos juntos no será porque nos necesitemos sino porque nos queremos y juntos… ¡sumemos!

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Te necesito… ahora

Amor, no vengas para irte.

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Te necesito…. No ayer ni mañana sino ahora. Antes no te necesitaba y después no te necesitaré. Ayer no había necesidad suficiente y mañana no  habrá excusa que valga para no estar aquí conmigo, es hoy y ahora cuando te necesito tanto como el aire para respirar. No importa si lo entiendes o no, no hay explicación que valga ni razón que explique, simplemente… es.

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Te necesito y no estás, te conozco y sé que te arrepentirás, pues la culpa te acompañará eternamente. Culpa por ser como eres, tan mediocre y poco desarrollado, a veces tan inhumano e insensible, y siempre tan cobarde, incapaz de mirar la verdad y enfrentarla de cara, incapaz de llamar las cosas por su nombre y decirlas mirándome a los ojos.

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Mi alma se esfumó en el último suspiro que me robaste y hoy me encuentro aquí sola, sin ella, sin mí y sin ti. Necesito que sustentes mi mano y sientas mi corazón hecho pedazos, necesito que me des una razón para reconstruir lo que era irrompible y destrozaste sin piedad, necesito un motivo para vivir y una ilusión para despertar, para volver a confiar y a soñar.

Aina grito

Apagaste mi vida y contaminaste mis sueños, te apoderaste de la poca ingenuidad que me quedaba y ya no sueño mi vida ni vivo mi sueño sino que sólo quiero soñar para no despertar. No entiendo mi vida sin ti porque tú me robaste la ilusión y ahora, desnuda y sin escudos, me siento débil e indefensa. Me arrancaste el alma arañando mi esencia con la más fantasiosa máscara. Ingenua de mí, creí que eras real, creí que existías y así caí en tus redes, en las redes de tus mentiras que hasta tú mismo creíste. Prometiste el cielo y me lo diste a probar de manera que ahora sin él ya no sé estar.

¿Y ahora que es la vida? ¿Qué será? Una búsqueda ansiada de ese cielo que me diste a probar…

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María Gilabert Hernando

La luz… Siempre ahí

¿Alguna vez has experimentado esa sensación de vacío, de no sentir nada? Cuando los minutos no avanzan y creemos pensar que no hay nada que nos pueda hacer cambiar. Llegar a tener la certeza de que todo seguirá siendo de esa manera que estás viendo durante el resto de tus días. ¿Es así como te sientes?

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Te contaré una cosa curiosa, existe algo en este mundo que siempre tiene ganas de seguir con fuerzas para continuar día a día, SIN RENDIRSE. ¿Sabes a que me refiero? La luz, luz eléctrica, eso es.

¿Te has parado a pensar alguna vez sobre ella? Siempre está ahí, sí que es cierto que en ocasiones se funde o, pero con un pequeñísimo cambio está lista para iluminar de nuevo. Ya sé que ahora me dirás que en ocasiones sufre cortes de la energía eléctrica, pero te diré que esos cortes pueden ser por muchos factores, factores externos como una tormenta intensa, un fallo técnico, etc. Pero te diré, que si buscas el foco del problema hallarás el foco de la solución. Solo hay que encontrar a la persona adecuada para solucionar la avería. Quizás estés pensando que esa bombilla necesita un arreglo mayor, que esa luz no brilla como antes, probablemente lo que necesites es un cambio de 360 grados, y cambiar de compañía eléctrica. Porque recuerda, para grandes problemas se necesitan grandes soluciones.

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Esa luz de la que estamos hablando ERES TU. Solo y exclusivamente tú eres la persona promotora de ese cambio, porque has sido dotado de luz propia desde tu primer día de vida. Y es por ello que eres el técnico encargado de modular su intensidad, y si no puedes solo, no pasa nada. Porque encontrarás esa energía necesaria en tu alrededor, donde menos lo esperes y donde menos lo busques. Cuando haya un periodo en que tu luz interior no reluzca como antes, debes saber que esa luz es solamente tuya, y es por ello que el exterior no debe cambiártela. Eres tu quien tienes ese poder otorgado para cambiar todo lo que siempre has deseado. Porque ahora es tu momento, y porque tú tienes el poder necesario para hacer eso que siempre has querido.

Artículo escrito por Jennifer Benítez Navas