Empieza a alimentar tu yo

Empieza a alimentar tu yo
23 marzo, 2015 Maria Gilabert Hernando
Corazón

El escritor y empresario norteamericano Dale Carnegie explicaba que hay dos rasgos distintivos de las personas de éxito. No del éxito material o relacionado con la capacidad de acumulación. Se trata del éxito de la madurez emocional y la autorrealización. Estos dos rasgos distintivos de las personas de Éxito son: no criticar, no quejarse, censurar o condenar a los demás; y, segundo, valorar explícitamente y demostrar aprecio honrado y sincero por los demás de forma que se sientan queridos e importantes.

Juzgar y criticar pone a los demás a la defensiva, y por lo común hace que traten de justificarse. La crítica hiere y despierta el resentimiento. Como dice Carnegie: “si quieres recoger miel, no des patadas a la colmena.” Pero hazlo por ti, porque es la única forma de que otra persona también se decida a dejar de hacerlo. No insultes, no critiques, no juzgues; porque si tú lo haces estarás concediendo el derecho a los demás a que también lo hagan contigo.

Valorar a los demás es tratarlos con cariño, comprensión y agradecimiento. No se trata de adular a las otras personas. Se trata de servir a los demás con alegría. De reconocerlos, de confiar. Con hechos, no sólo con palabras. Comparte con el que te cae bien y con el que no te cae tan bien. A ese que tienes atravesado salúdalo el primero, porque te lo estarás haciendo a ti mismo. Se acabó quejarse por todo, criticar y juzgar a los demás. ¿De qué te ha servido?

Y todo esto, ¿por qué?

Una de las formas de contribuir al narcisismo que caracteriza a nuestra sociedad es exagerar la importancia del éxito y la imagen. Ser el mejor y ganar a cualquier precio. Esta actitud minimiza los valores humanos y los subordina a la consecución de un objetivo. Un objetivo que no tiene en cuenta sentimientos, emociones y necesidades. Pero esta actitud, tal y como señalan autores como Sigmund Freud o Alexander Lowen, es contraproducente con la salud física y emocional del que la lleva a cabo. Los seres humanos que la asumen, aceptan implícitamente el sacrificio y la represión de sus propias emociones. Matan a su yo real en teórico beneficio de su ego, de la imagen que quieren proyectar de sí mismos. El resultado final es la confusión de personalidad con actitud. Y frecuentemente la somatización física y emocional, contribuyendo a la aparición de enfermedades como la depresión, el alzheimer, la adicción, el cáncer o la fibromialgia, por citar algunas de ellas. Es el precio del éxito tal y como lo conocemos, pero otro camino es posible.

Artículo escrito por César Cidraque Llovet

Fundador del Proyecto AcoPe

386848_4425049794190_643902877_n

María Gilabert Hernando

0 Comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Acepto

Esta web utiliza cookies para mejorar la experiencia de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas que las utilizemos. Más información aquí.